Desde 1969
Una familia, tres generaciones y un oficio que perdura en el tiempo
Primera generación
Donde comenzó nuestra historia
La historia de Aromeri comienza en 1969 de la mano de Arturo Melchiori.
Arturo se estableció en la localidad de Baradero, donde comenzó ofreciendo piezas y realizando composturas de electrodomésticos y relojes. Con los años, la relojería fue ocupando un lugar cada vez más importante en su día a día, tomando un espacio protagónico. Así nació Aromeri.
Con trabajo y dedicación, aquel pequeño local familiar fue creciendo y se convirtió durante muchos años en un lugar reconocido por los vecinos de Baradero. La relojería, las composturas y la atención de Arturo detrás del mostrador, junto con su compañera de vida, Trinidad Assmuss, fueron construyendo una relación de confianza que se mantuvo a través del tiempo.
Arturo Melchiori y Trinidad Assmuss
Segunda generación
La historia siguió creciendo
Algún tiempo después, Mariana Melchiori, hija de Arturo y Trinidad, creció conociendo de cerca el taller, los relojes, las herramientas y el movimiento del local. Para ella, Aromeri no era solamente el trabajo de sus padres. Aromeri era parte de su casa, de su familia y de su vida diaria.
Creció aprendiendo de su padre el oficio de la relojería y decidió continuar aquel camino en Baradero. Pero también quiso dejar su propia huella.
Fue Mariana quien incorporó artículos de joyería en Aromeri. A los relojes y las composturas se sumaron las piezas de oro y plata, y nuestro negocio empezó a tomar una nueva forma, sin perder aquello con lo que había nacido.
La gente seguía entrando al mismo lugar, con la misma confianza de siempre. Algunos habían conocido a Arturo. Otros llegaron con Mariana. Y con los años empezaron a aparecer también los hijos y los nietos de aquellos primeros clientes. Mientras nuestra familia iba creciendo, también fuimos acompañando la historia de muchas otras familias.
Mariana Melchiori
Tercera generación
Un nuevo capítulo
Valentín Mori, nieto de Arturo y Trinidad e hijo de Mariana, también creció rodeado de relojes y joyas. Creció escuchando hablar del oficio, viendo trabajar a su familia y entendiendo, casi sin darse cuenta, lo que significaba Aromeri para quienes habían pasado tantos años por el local.
Como había ocurrido antes, el oficio volvió a pasar de una generación a otra.
Valentín continuó con la relojería y la joyería, pero también empezó a pensar cómo llevar todo ese recorrido hacia una nueva etapa. Así incorporamos las tasaciones y las inversiones en metales y piedras preciosas, ampliando nuestro trabajo hacia un campo que exigía el mismo conocimiento, la misma precisión y, sobre todo, la misma confianza.
Con él, Aromeri también dio un paso que hasta entonces no había dado. Después de tantos años de historia en Baradero, decidimos ampliar nuestro camino y abrir dos nuevos locales en Palermo, llevando con nosotros todo lo aprendido durante más de cinco décadas.
Valentín Mori
Hoy seguimos estando en Baradero, donde todo comenzó, y también en Palermo, donde nuestra historia encontró una nueva forma de crecer.
Porque en Baradero nació todo. Ahí estuvieron Arturo y Trinidad detrás del mostrador. Ahí Mariana continuó el oficio de su padre y convirtió la joyería en una parte fundamental de Aromeri. Ahí aprendimos el valor de conocer a nuestros clientes, de cuidar lo que nos confían y de entender que muchas veces una pieza vale mucho más por lo que representa que por el material del que está hecha.
Los años pasaron, los lugares y las generaciones también. Cambiaron las herramientas, cambiaron los relojes, cambiaron las joyas y cambió también nuestra forma de trabajar.
Pero seguimos siendo una familia detrás de un oficio que pasó de padres a hijos y de hijos a nietos. Por eso, cuando alguien llega a nosotros con un reloj que necesita volver a funcionar, con una joya que perteneció a alguien querido o con una pieza de la que quiere conocer su valor, sabemos que no siempre tenemos solamente un objeto entre las manos.
A veces tenemos un recuerdo, una herencia o algo que acompañó a una familia durante años. Y tal vez sea por eso que, después de tres generaciones, seguimos sintiendo el mismo respeto por cada pieza que llega a nuestras manos.
Porque nuestra historia también empezó así, con una familia, un pequeño local y un oficio que, desde 1969, nunca dejó de pasar de una generación a la siguiente, perdurando en el tiempo.